¿Acaso no hice lo suficiente por mi peludo?

Esta es una de las preguntas más frecuentes que nos hacemos quienes nos hemos enfrentado a la pérdida de nuestro animal de compañía.

La culpa es una de las emociones que más prevalece cuando nuestro peludo enferma, se extravía o trasciende.

De hecho, forma parte de una de las etapas de duelo: la de negociación.

Es la fase de los “y si…”. Es decir: cuando tu mente te empieza a bombardear con pensamientos como “y si lo hubiera llevado con otro veterinario”, “y si le hubiera cambiado la alimentación”, “y si no hubiéramos salido a pasear”, “y si no lo hubiera dejado solo por un momento”.

Es tu mente tratando de convencerte que había o hay (en el caso de los duelos anticipados) la posibilidad de un desenlace diferente. Opera como un mecanismo de defensa para no enfrentar “de golpe” la realidad que no puedes controlar.

Tu mente te traslada al pasado de los “hubiera” y es cuando aparece la culpa y el “auto castigo” por no haber hecho, aparentemente, lo suficiente o correcto para salvar la vida o integridad física de tu animal de compañía.

Sin embargo, te aseguro que este mal momento que te imponen esos pensamientos pasará, y aunque al principio no lo puedas comprender, es un paso fundamental para que el dolor transite paulatinamente y no enfrentarlo de manera abrupta.

La culpa que hoy sientes no es una realidad, sino una creación de tu mente por lo que es posible transformarla en aceptación con acompañamiento. Te esperamos.